Principalmente existen tres motivos por los que una perla puede amarillearse con el paso del tiempo: El primer motivo y más habitual, corresponde a un amarilleo homogéneo y perdida de lustre, recordándonos cada vez más al aspecto del plástico. Se debe a que existen un tipo de perlas denominadas Akoya ( las clásicas perlas japonesas ), caracterizadas por ser perfectamente redondas, efecto que se logra incrustando una bola de plástico, de dimensiones similares a la perla final, a la Ostra Akoya para que esta la recubra con una fina capa de nácar. Así las perlas son perfectamente redondas, pero por contra la fina capa de nácar con el uso irá desgastándose y el material plástico que hay en interior irá trasluciendo por la capa de nácar dando un aspecto amarillo ( el plástico empleado amarillea con la luz ultravioleta, solar ). En este caso no hay remedio, porque no hay nácar.
El segundo motivo es accidental, y se produce cuando un ácido contacta con el nácar de la perla. Salvando las diferencias, el comportamiento químico del nácar es similares muchos aspectos al del mármol. Se trata de superficies resistentes pero se manchan con ácidos. Los perfumes, algunas lacas, o jabones especiales pueden contener compuestos de carácter ácido que dañen el nácar. Si esto llega a producirse, solo las zonas de contacto sufrirán lesiones y probablemente no todas las perlas. En este caso no hay remedio, pues no es posible reemplazar la zona dañada y solo en casos muy puntuales puede emplearse productos que neutralicen al ácido atacante. +CONTINUA
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