El RENACIMIENTO vio a las cortes reales de Europa inundadas de perlas. Dado que las perlas eran tan bien consideradas, varios países europeos aprobaron leyes prohibiendo el uso de perlas por ciudadanos que no pertenecieran a la nobleza. Durante la expansión europea hacia el Nuevo Mundo, el descubrimiento de perlas en aguas de América Central contribuyó a la riqueza de Europa. Desgraciadamente, la codicia y la avidez por las perlas del mar ocasionó que se agotara prácticamente toda la población de ostras americanas productoras de perlas hacia el Siglo XVII.
Hasta principios del Siglo XX, las perlas naturales estaban al alcance sólo de los ricos y famosos. En 1916, el famoso joyero francés Jacques Cartier compró su histórico establecimiento en la Quinta Avenida de la ciudad de Nueva York al intercambiar dos collares de perlas por la valiosa propiedad.
Hoy en día, con el advenimiento del cultivo de perlas, estas joyas están al alcance del bolsillo de cualquier persona. Las perlas cultivadas tienen las mismas propiedades que las perlas naturales y se cultivan en ostras vivas. La única diferencia es un poquito de aliento que pone el ser humano. +ATRAS
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